Venir desde tan lejos, de Eloy Sánchez Rosillo
Venir desde tan lejos, del murciano Eloy Sánchez Rosillo se publicó en Tusquets el pasado mes de abril de este 2025. Ciento treinta y ocho páginas, en las que encontraremos sesenta y un poemas, todos de corrido.
Este nuevo poemario puede que sea el último. No en vano, en Qué será de quién soy leemos: “NADA puede afirmarse con certeza absoluta. / Y sin embargo intuyo que el libro que ahora escribo / habrá de ser el último que yo alcance a decir”.
A sus 77 años, el poeta está en plena forma y nos ha regalado un libro muy redondo donde podemos encontrar a un hombre que se sabe al final del camino y echa la vista atrás. Sin exceso de melancolía, hay espacio para la celebración y algunas lecciones vitales, como por ejemplo esta que aparece en La noticia: “[…] No hay / nada que valga más en la inestable / corriente poderosa de la vida / que el pasar con sosiego de un segundo / al segundo siguiente: este que llega”.
Como es habitual en la poesía del murciano, la urdimbre de sus poemas es la cotidianeidad. Busca lo profundo y lo elevado en lo común, en las costumbres de los días más que de las personas. Es por ello que no podemos hablar de poesía costumbrista, sino más bien de poesía de lo cotidiano.
Es decir, Eloy Sánchez Rosillo recoge lo cotidiano y al cantarlo, consigue elevarlo. Recurre también a la comunión del observador con lo observado para buscar esa transcendencia.
Muchos son los poemas de Venir desde tan lejos que hay que destacar y que el lector querrá atesorar y frecuentar. El poeta reflexiona sobre muchos asuntos: la fugacidad del tiempo, la pérdida, la infancia, la soledad, el recuerdo… y sin embargo no encontramos nostalgia, rabia, temor o rencor. Atrás quedó ya la poética elegíaca. Este libro es pura aceptación y celebración. Celebración por haber vivido, y por poder seguir formando parte de todo esto. Llama a no conformarse, como hace la mayoría de personas al llegar a cierta edad, con ocupar los márgenes sino a seguir esforzándose por estar en el centro y hacerse con los días. Pero aceptando todo lo que nos trae a la orilla el mar de la realidad.
Quizá, el mejor poema de todo el libro, el que resume el tono de la obra y del momento vital del autor, sea el poema Edad. Una composición breve en la que Sánchez Rosillo no quiere dejar vencerse por el paso del tiempo. No quiere que el invierno entre en él.
EDAD
AUNQUE el invierno avance por tus años y pretenda ser huésped de tu casa y tus huesos, no te rindas al frío, ignóralo. ¿Es acaso diciembre? No es verdad, no es verdad. Piensa en un día de marzo, y en la rosa temprana que al entreabrirse teme y titubea y no sabe muy bien si atreverse a existir. Zumba la abeja —¿la oyes?—; hoy mismo ha regresado a sus asuntos. Entra ya en ese día, no te resignes a esperar que sea. Míralo y hazlo tuyo (qué limpia esa mañana desde esta lenta tarde que va a menos). Verás la hierba verde brotar de entre las grietas oscuras y torcidas de la edad. Y sabrás que estás vivo.
Eloy Sánchez Rosillo bien podría considerado un poeta de la luz, ya que recurre frecuentemente a ella directamente o a través de hermosas metáforas. Le da mucha importancia y protagonismo, quizá como él mismo explica, porque nació en una región donde la luz es muy abundante. El poema Viendo llover, por ejemplo, gira en torno a un claro de luz en medio de una tormenta.
También podría ser considerado el poeta de la lucidez, ya que en su canto encontraremos enseñanzas, sabias reflexiones, y definiciones tremendamente certeras ¿Cómo se da cuenta el poeta que ha envejecido? ¿Qué es exactamente envejecer? La respuesta la hallamos en el poema Domingo: “Cómo pudo / ocurrir algo así, que esto que soy / no forme parte ya de lo que miro”.
Qué suerte tenemos de poder formar parte de este maravilloso Venir desde tan lejos cuando lo leemos, y lo disfrutamos. Una y otra, y otra vez.